Los Domingos de Felipe y el Arte de No Necesitar que Pasara Algo: Sol-edad

Un libro de Hágase la Luz

Hay una soledad que duele porque estás solo cuando no quieres estarlo. Y hay otra que alimenta porque cuando estás solo estás exactamente donde necesitas estar.

La cultura tiene una relación conflictiva con la soledad. La teme, la llena, la evita, la patologiza. Vivimos en la era de la hiperconectividad y sin embargo, paradójicamente, en la era de la soledad más extendida de la historia. No porque estemos físicamente solos sino porque la conexión superficial y permanente ha ocupado el espacio donde antes vivía la conexión real: la consigo mismo, la con la profundidad de las propias preguntas, la con el silencio que necesita un ser humano para saber quién es cuando nadie está mirando. Sol-edad. La Edad del Sol, de Hernán David Salazar Manrique y Matty Gabriela Robinson Guiscafré, propone una distinción que transforma la relación con estar solo: la diferencia entre la soledad que se sufre, que es ausencia involuntaria de compañía, y la soledad que se elige, que es la edad del sol, el tiempo en que uno se convierte en su propia fuente de luz. La segunda no es resignación. Es madurez. Es haber llegado al punto en que la propia compañía ya no es el recurso de los que no tienen otra cosa sino el recurso más valioso que existe.

Quien no sabe estar bien consigo mismo depende estructuralmente de los demás para sentirse bien. Y esa dependencia, aunque no siempre se llama así, tiene un costo en la calidad de todas las relaciones.

«La soledad elegida no es ausencia. Es presencia plena con la única persona con la que vivirás siempre: tú mismo.»

Los domingos de Felipe y el arte de no necesitar que pasara algo

Felipe había llegado a los cincuenta y uno con una vida social activa y una incomodidad interior cada vez que esa vida social se detenía. Los domingos sin plan le producían una inquietud que no siempre sabía nombrar: la necesidad de que algo pasara, de que alguien propusiera algo, de que hubiera ruido externo que llenara el espacio. No era tristeza. Era algo más parecido a la intolerancia a la quietud. A la sensación de que estar solo con él mismo, sin estímulo, sin tarea, sin conversación, era un estado que había que resolver lo antes posible. Un verano, por razones de agenda que no valía la pena resistir, Felipe pasó tres semanas solo. Sin plan. Sin compromisos. Con una lista de lecturas que no había tocado en años y las mañanas disponibles de una manera que nunca lo habían sido. Las primeras cuatro o cinco mañanas fueron incómodas. Luego ocurrió algo que no esperaba: se fue relajando en su propia compañía. Empezó a disfrutar el café sin tener que contárselo a nadie. Las lecturas sin tener que recomenendarlas. Los paseos sin destino sin tener que justificarlos. Al volver, algo en la relación consigo mismo había cambiado. No se había vuelto ermitaño. Pero ya no necesitaba que el domingo tuviera plan para sentirse bien en él.

La edad del sol como práctica, no como circunstancia

El libro propone que la edad del sol, ese tiempo en que uno se convierte en su propia fuente de luz y compañía, no es algo que llega sola con los años. Se construye. Se practica. Como todo lo que vale la pena, requiere pasar por la incomodidad inicial de no llenar el espacio inmediatamente cuando aparece. De sentarse con la quietud en lugar de huir de ella. De descubrir que del otro lado del primer impulso de llenar el silencio hay algo que la mayoría no encuentra porque sale corriendo antes de llegar: la propia voz, clara y entera, esperando ser escuchada. La persona que ha construido una buena relación consigo misma no ama menos a los demás. Los ama diferente: sin necesitarlos para completarse. Y desde ahí, la calidad de lo que da y de lo que recibe en las relaciones cambia de manera fundamental. Porque el amor que nace de la elección, no de la necesidad, tiene una libertad y una profundidad que el otro no puede tener.

«Quien sabe estar bien solo no necesita a los demás para sentirse completo. Y eso, paradójicamente, es lo que le permite amar de verdad.»

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