Aprende a Vivir en Abundancia: por qué no atraes lo que deseas, sino lo que repites

Un libro de Hágase la Luz

¿Y si la abundancia no fuera algo que tienes que conseguir, sino algo que ya está frente a ti, esperando que aprendas a mirarlo distinto?

Cuando pensamos en abundancia, casi siempre pensamos en lo que falta: más dinero, más tiempo, más oportunidades, más de lo que sea que sentimos que no alcanza. En Aprende a Vivir en Abundancia, Hernán David Salazar Manrique y Matty Gabriela Robinson Guiscafré proponen partir de un lugar completamente distinto: la abundancia no se mide en cantidad. Se mide en frecuencia.

La idea es sencilla, pero lo cambia todo: no atraes lo que deseas, sino lo que confirmas con tu manera de hablar, de pensar y de mirar lo que ya tienes. Y para explicarlo, el libro no recurre a fórmulas ni a promesas de la noche a la mañana. Recurre a una historia que parece simple, hasta que te das cuenta de que también es la tuya.

«Eso es la abundancia. No lo que hay, sino cómo lo ves.»

La piedra que el campesino dejó atrás

El libro cuenta la historia de un campesino que camina por un sendero rumbo a su parcela, con la cabeza llena de cuentas pendientes y cosechas que no alcanzan. En el camino, su pie golpea una piedra brillante. La aparta de un manotazo, fastidiado, sin mirarla siquiera, y sigue caminando. Horas después, otro hombre pasa por el mismo camino. Se detiene, la recoge, la observa con calma. Es oro.

Nada cambió entre un momento y el otro. La piedra era la misma, el camino era el mismo. Lo único que cambió fue quién la miró, y desde dónde. El campesino no tenía menos suerte que el segundo hombre: tenía la atención puesta en otro lugar, ocupada por la prisa y la queja. Por eso el libro insiste en que la abundancia no se mide en lo que hay, sino en la vibración con la que te asomas a mirarlo. No es que falten piedras brillantes en tu camino. Es que, muchas veces, vas con la cabeza en otra parte.

La frase que cambió el turno de Ana

Una de las historias más concretas del libro es la de Ana, de 38 años, madre de dos hijos y empleada de limpieza en un hospital. Durante años repitió, casi sin pensarlo, una frase que había heredado de su madre: «esto es lo que hay». La decía sobre su sueldo, sobre su turno, sobre su vida entera. Hasta que un día, limpiando una habitación, encontró el cuaderno de un paciente que ya no estaba. En una de sus páginas, una frase escrita con letra temblorosa: «Todo lo que dices se queda pegado a tu cuerpo».

Ana no hizo nada espectacular. Solo empezó a cambiar una frase por otra. En lugar de «esto es lo que hay», comenzó a decirse «esto es desde donde voy a cambiar». No cambió de hospital, no pidió un préstamo, no hizo ningún anuncio. Simplemente, empezó a hablarse distinto. Meses después, fue trasladada del área de limpieza al área administrativa, en el mismo hospital. El libro no lo presenta como magia, sino como algo más simple y más incómodo: tú no atraes lo que quieres. Atraes lo que eres, y una parte enorme de lo que eres se construye con lo que te repites cuando nadie escucha.

«La abundancia no es solo recibir cosas buenas. Es dejar de repetirte cosas malas.»

Vivir como si

El libro recorre varias historias de personas que, mucho antes de tener algo que mostrar, ya vivían desde el lugar al que querían llegar. J.K. Rowling escribió las primeras páginas de Harry Potter en servilletas, mientras dependía de la asistencia social. A Walt Disney le dijeron que no tenía suficiente imaginación. Michael Phelps se imaginaba cada carrera, brazada por brazada, antes de tocar siquiera el agua. Ninguno de ellos esperó a «tener» para empezar a actuar como la persona que querían ser.

Ahí está la trampa que el libro señala con más cuidado: la de «cuando tenga, entonces haré». Cuando tenga dinero, seré generoso. Cuando tenga tiempo, descansaré. Cuando tenga seguridad, me atreveré. El problema es que ese «cuando» casi nunca llega, porque la frecuencia que necesitas para llegar ahí es, precisamente, la que estás posponiendo. Vivir como si no significa fingir ni negar lo que falta. Significa empezar, desde hoy, a ocupar el lugar de alguien agradecido, atento y dispuesto, aunque todavía no tengas todas las pruebas.

La abundancia no se busca. Se recuerda.

El campesino no necesitaba que apareciera más oro en su camino. Necesitaba mirar distinto lo que ya estaba ahí. Ana no necesitó una oferta de trabajo nueva para cambiar su vida: necesitó una frase nueva. Esa es, quizás, la idea más importante del libro: la abundancia no es algo que el universo te debe entregar algún día. Es algo que ya está disponible, en distintas formas, esperando que cambies la sintonía con la que lo recibes.

Si hoy sientes que la abundancia es algo lejano, reservado para otros, tal vez no necesites más. Tal vez solo necesites prestar atención: a la frase que repites sin pensar, a lo que pasas por alto en tu camino, a la versión de ti que llevas tiempo posponiendo. Aprende a Vivir en Abundancia no promete resolverlo todo de una vez. Pero sí te invita a algo que está, literalmente, a tu alcance: empezar a mirar lo que ya tienes con otros ojos.

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